El arte de la asertividad

jodie-foster-penelope-and-john-c-reilly-michael
Un dios salvaje (2011), R. Polanski.
¿Qué es la asertividad?

La asertividad es una cualidad estrechamente ligada a la autoestima a la que se hace referencia a menudo en el área de las habilidades sociales y de comunicación.

Ser asertivo significa ser capaz de defender tus propios derechos o los derechos de otras personas de una manera tranquila y positiva, sin ser agresivo, pero siendo capaz de decir “no”. Las personas asertivas además son capaces de plantear su punto de vista sin angustiarse y sin atacar a los demás. En pocas palabras, la asertividad significa defender tus derechos personales, expresar pensamientos, sentimientos y creencias de manera directa, honesta y apropiada. Podemos considerar como ejemplo interesante de asertividad la película estadounidense de 1957, dirigida por Sidney Lumet, 12 hombres sin piedad.

Un juicio por homicidio en el que doce hombres tienen que deliberar sobre el futuro de un jóven; bajo esta premisa gira la acción y tensión dialéctica de este largometraje. Encerrados en una habitación hasta alcanzar un veredicto unánime, uno de los doce miembros del jurado suscitará la duda entre los demás. En la película se observan diferentes tipos de comportamientos y roles, mostrando así las características de cada personalidad, sus capacidades asertivas y de negociación:

Expresar sentimientos y deseos adecuadamente es una importante habilidad personal e interpersonal. Precisamente, dos de las inteligencias no académicas señaladas por el psicólogo Howard Gardner en su famosa teoría de la multiplicidad de inteligencias, son la interpersonal y la intrapersonal. La primera remite a la capacidad de interactuar con otros, la segunda a la habilidad para mantener una vida emocional sana; ambas constituyen distintas caras de una misma moneda pues, tanto para lograr estabilidad emocional, como para entender a otras personas de forma empática, resulta de suma utilidad comunicarnos efectivamente en nuestra vida diaria hacia dentro y hacia fuera, es decir, ser capaces de autoconocernos para llegar a entender a los otros.

En todas las interacciones con otras personas, ya sea en casa o en el trabajo, con superiores, clientes o colegas, la asertividad favorece una expresión clara, abierta y razonable, libre de distrés. Cuando los niveles de ansiedad y tensión verbal o kinésica se disparan, la comunicación deja de fluir. En Un dios salvaje, película dirigida por Roman Polanski, encontramos otro gran ejemplo cinematográfico de lo que, en este caso, sería más bien lo opuesto a la asertividad:

Según estudios realizados a lo largo de muchos años por la Universidad de Harvard, en Boston, entre un 60% y un 80% de las enfermedades que padecemos, tienen una relación directa con las denominadas emociones tóxicas, que pueden llegar a generar daño físico, puesto que son capaces de producir aumento de los radicales libres, perturbaciones profundas en el equilibrio hormonal y en la propia dinámica de los cromosomas.

La incapacidad a la hora de gestionar nuestras propias emociones se hace especialmente patente en los conflictos interpersonales, los cuales generan niveles muy altos de distrés que, experimentados de una manera habitual, multiplican nuestras posibilidades de enfermar, aumentando los niveles de cortisol y adrenalina que causan un mal funcionamiento de todo el sistema, impidiendo el desarrollo neuronal y aumentando la poda sináptica de las neuronas del hipocampo. Por todo ello, desarrollar la asertividad es fundamental para nuestro bienestar y el de los que nos rodean.

Aquí os dejamos unas pequeñas pautas para empezar a poner en práctica el comportamiento asertivo de manera consciente y proactiva:

Honestidad y empatía en la expresión de deseos, pensamientos y sentimientos; animando a otros a hacer lo mismo.

Escucha activa de las opiniones de los demás, para a continuación responder adecuadamente, de acuerdo o no con esas opiniones, de manera tolerante y conciliadora.

Comportarse como un igual en relación a los demás.

Aceptar responsabilidades y ser capaz de delegar en otras personas.

Expresar con regularidad el aprecio que sentimos por los demás, por lo que han hecho o están haciendo.

Ser capaz de admitir errores y pedir disculpas.

Aprender a mantener el autocontrol, observando y entendiendo nuestras emociones.

Pueden parecer acciones sencillas y obvias pero todas necesitan compromiso, cuidado y atención. Son aptitudes que si se desarrollan a diario se convierten en hábitos, algo beneficioso para la mente que, como ya sabemos, llega a repercutir notablemente  en el plano de la salud física. Por tanto, he aquí una buena sugerencia de propósito para el 2017, ¿no crees?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s