Deconstruyendo la violencia patriarcal: hacia una educación feminista

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Los roles de género son construcciones socioculturales.
“Crecí siendo un niño al que se le enseñó que los hombres tienen que ser duros y fuertes, tienen que ser valientes, dominantes, que no sienten dolor ni emociones, a excepción de la ira, y, definitivamente, no tienen miedo.”

Nuestra sociedad patriarcal normaliza el menosprecio y cosificación de la mujer. Tal y como señalaba Tony Porter, consciente o inconscientemente, la gran mayoría de los hombres operan en base a estas reglas tan asumidas en la conciencia colectiva que, en términos freudianos, son el triunfo del Superego, de ese “habitus hecho cuerpo” del que nos habla Pierre Bourdie, entendiéndose como una naturalización de lo cultural.

Resulta totalmente necesario deconstruir nuestras ideas en torno a la masculinidad y feminidad. En este sentido, el activista norteamericano Tony Porter cuestiona ciertos conceptos profundamente arraigados en el imaginario popular sobre “ser hombre”. A través de su organización, combate lo que él denomina “kit de masculinidad”. Los puntos que se destacan en dicho kit establecen que el hombre:

  • No llora ni expresa emociones abiertamente, a excepción de la ira.
  • No muestra debilidad ni miedo.
  • Demuestra un poder de control.
  • Es dominante, celoso y protector.
  • No quiere ser “como una mujer”.
  • No quiere ser “como un marica”.
  • Es heterosexual, fuerte, duro y atlético.
  • Toma las decisiones sin necesidad de ayuda.
  • Ve a las mujeres como objetos para satisfacer sus necesidades.

“Recuerdo haberle preguntado a un niño de 9 años: ¿Qué sería la vida para ti si no tuvieras que adherirte a esta norma de masculinidad? Y me dijo: Sería libre.

Minuto 10:37 de la conferencia de Tony Porter, “A call to men”, TEDWomen 2010.

PSICOPEDAGOGÍAS (TRANS)FEMINISTAS

Todos los años las marcas de moda lanzan sus campañas para promocionar sus nuevas colecciones. La artista Yolanda Domínguez pidió a un grupo de niños de 8 años que describieran lo que veían en algunas de estas imágenes y el resultado es revelador: ellas están enfermas, borrachas y muertas. Ellos son superhéroes, jefes y empresarios.

Los niños decodifican las imágenes y dejan al descubierto la violencia implícita y la desigualdad en el tratamiento de hombres y mujeres, ofreciéndose a ayudarlas a ellas: “tienen hambre”, “se sienten solas” y “se podrían morir”,  o proyectando sus deseos en los roles de ellos: “están felices”, “yo también quiero ir a la universidad”, “yo soy el jefe”.

Un formato popular utilizado en forma de crítica que plantea muchas cuestiones sobre los mensajes encubiertos que genera el mundo de la moda: ¿por qué relacionamos este tipo de imágenes con el glamour y el lujo?, ¿por qué nadie lo denuncia?, ¿qué influencia tienen en la educación visual?, ¿por qué las marcas apoyan este tipo de mensajes?, ¿qué podemos hacer para cambiarlo?

Las organizaciones y movimientos de defensa de los derechos de las mujeres llevan mucho tiempo cuestionando la aceptación y prevalencia de las violencias contra mujeres y niñas, pero se trata de algo tan enraizado que es necesario un compromiso diario de muchas más personas para erradicar esta pandemia.

Lamentablemente, las políticas de igualdad han sufrido el recorte del 43% y los recursos en prevención de la violencia de género se han reducido el 17%. A ello hay que añadir la disminución del 10% de las denuncias por violencia machista, lo que supone un retroceso alarmante en los avances de los últimos años en visibilización e imputación de estos delitos, según datos de 2015 del Consejo General del Poder Judicial.

Desde aquí seguimos promoviendo un cuestionamiento proactivo de aquello considerado como “normal y natural”, analizando objetivamente nuestro comportamiento y mentalidad, siendo reflexivos y críticos con la información y estímulos exteriores. Todos y todas podemos romper esa dinámica de roles que no solo no nos benefician, sino que nos cohíben, alienan y violentan. Podemos contribuir al desarrollo de una sociedad más justa, tolerante, inclusiva e igualitaria mediante pequeñas acciones, micropolíticas y tácticas que marcarán grandes diferencias en las próximas generaciones:

  • Es importante reclamar el cuerpo como un espacio más de creatividad, de (re)creación en constante construcción y destrucción, un campo de batalla, una reafirmación y reapropiación política de algo que es nuestro, que nos pertenece.
  • La violencia simbólica de nuestra sociedad se cimienta en una serie de dogmas y principios morales impuestos que, asumiéndose en el inconsciente individual y colectivo, tienden a su “naturalización” casi desde nuestro nacimiento. Por ello, creemos que se debe abordar “la piel como lo más profundo” (con permiso de Paul Valéry), es decir, como la manifestación corpórea de esa intangible violencia patriarcal; el vestido como una extensión del yo, como arma que empodere y replantee lo establecido. Si se establece un paralelismo entre moda y género, se percibe un movimiento de reducción de la diferencia enfática entre lo masculino y lo femenino, movimiento que se puede definir como tendente a la igualdad, pero que enseguida muestra sus límites, dado que no se da una semejanza unisexual ni una aproximación de las prendas tradicionalmente femeninas por parte de los hombres. Con ello se evidencia “visualmente” la problemática derivada de los conceptos de género y sexo recogida por el movimiento transfeminista, LGTBI y las teorías queer.

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Conchita Wurst, activista por la tolerancia en una Europa homófoba y tránsfoba.
  • En general, lo queer se basa en un concepto anti-identitario mediante el cual se pretende transgredir las diferencias que se dan entre las personas por cuestiones de sexo, género e identidad sexual, desestabilizando las categorías asumidas. Sin embargo, dicha categorización se manifiesta necesaria como herramienta esencial para poder entender la discriminación y opresión ejercida por un sistema capitalista, heteronormativo, cisgénero y machista que rechaza todo aquello que percibe como abyecto.
  • La brecha radical entre feminismo y “feminidad” ha ido calando en el imaginario colectivo a través de los mass media que levantaron la imagen de la feminista como marimacho, lesbiana o poco femenina. La idea de unas cuantas mujeres quemando sostenes como signo de liberación, quedó grabada a fuego en las mentes populares. Sin embargo, ya en 1948 encontramos referentes como Simone de Beauvoir que con su libro “El segundo sexo” planteaba una serie de cuestiones en torno a la construcción social del género, las mismas que tantos años después siguen vigentes: “Todo el mundo está de acuerdo en reconocer que en la especie humana hay hembras; constituyen hoy, como antaño, la mitad, aproximadamente, de la Humanidad; y, sin embargo, se nos dice que «la feminidad está en peligro»; se nos exhorta: «Sed mujeres, seguid siendo mujeres, convertíos en mujeres.» Así, pues, todo ser humano hembra no es necesariamente una mujer; tiene que participar de esa realidad misteriosa y amenazada que es la feminidad. Esta feminidad ¿la secretan los ovarios? ¿O está fijada en el fondo de un cielo platónico? ¿Basta el frou-frou de una falda para hacer que descienda a la Tierra?”

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Siguiendo este razonamiento, podríamos extrapolarlo perfectamente al hombre que “no nace, sino que se hace o lo hacen.”
  • Cabe destacar, por último, la reinvención de una suerte de feminismo “pop”, dirigido a las generaciones más jóvenes, con activistas como la cantante Beyoncé que, a finales de agosto de 2014, salió al escenario de los MTV Video Music Awards delante de un cartel enorme que decía Feminist; o Emma Watson, actriz y embajadora de Naciones Unidas, que pronunció un discurso en la sede central de la ONU en favor de la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres en el marco de la campaña HeForShe (“Ellos por ellas”), despidiendo su intensa intervención con un inspirador:

“Si no soy yo, ¿quién? Si no es hoy, ¿cuándo? Muchas gracias.”

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