El flow y la felicidad

2ed1e3c72fd63c02e1f3f03af61b7d86
Joven perteneciente a la tribu Daasanach en Etiopía.

El concepto de “flow” o “experiencia del fluir”, ha ganado cada vez mayor protagonismo desde finales de los años 90. Relacionado con un estado mental operativo al que le acompaña una sensación total de sintonía con una actividad que se ejecuta, (una suerte de mindfulness creativo), fue desarrollado en 1975 por el psicólogo húngaro Mihály Csíkszentmihályi, uno de los investigadores más reconocidos dentro de la Psicología Positiva, y profesor en la Universidad de Claremont, California.

¿Cuál es la relación entre “flow” y felicidad?

El vínculo entre el fluir y la felicidad depende especialmente de la actividad productora de flujo: si es compleja, si conduce a nuevos desafíos y, de esta manera, al crecimiento personal. Cuanto más ambiciosa sea la tarea, mayor será la dificultad, y, por consiguiente, la exigencia de cierto talento y conocimiento técnico para su plena realización. En la siguiente imagen podemos observar un diagrama que manifiesta la relación entre “challenge level”, o nivel de desafío, y “skill level”, o nivel de habilidad, concentrándose el flujo en el área amarilla donde el nivel tanto del desafío como de las habilidades es máximo.

flow

Generalmente, esta coincidencia ideal se produce rara vez, tal vez por temor al fracaso o por falta de motivación, pereza o mera procrastinación; tendemos a no salirnos de nuestra zona de confort, habitando cierto “estado de paz sin ambiciones”. Por otra parte, si el desafío es muy grande, aparentemente inabarcable según nuestras destrezas, un intenso sentimiento de frustración se apodera de nuestra psique.

En el estado de flujo, estamos demasiado concentrados como para preocuparnos por el fracaso. Intuimos lo que deseamos hallar, sin que ello condicione nuestra experiencia. El desafío es la excusa perfecta para poner a prueba nuestras habilidades y desarrollar su potencial. No existe el miedo al fracaso, porque no existe el fracaso:

la actividad se vuelve un fin en sí misma: mucho de lo que hacemos no es solamente por placer, sino para lograr una meta. En muchos sentidos, el secreto para la felicidad es aprender a fluir con todo lo que hacemos, incluyendo el trabajo y las labores más rutinarias. Aprendiendo que lo que hacemos vale la pena per se, descubriremos que no hay momentos desperdiciados en la vida.

La capacidad humana básica de estar en el presente y de “recordarnos” estar en el presente, es decir, constantemente estar volviendo al aquí y ahora, constituye el principio fundamental del mindfulness o atención plena. Sin embargo, en la experiencia del día a día, nuestras mentes a menudo están separadas de lo que hacemos. En estado de flujo, nuestra concentración está totalmente enfocada en lo que hacemos:

la acción y la conciencia están unidas. Una mente unificada es requerida para alcanzar esa sintonía entre los desafíos y las destrezas, y se hace posible por la claridad de la experiencia y la constante disponibilidad de un feedback motivacional. Ello produce una concentración intensa en el presente, que nos alivia de los temores y pensamientos obsesivos diarios que pueden llegar a generar trastornos de ansiedad y/o depresión.

street-art-graffiti-banksy-painting-resistanceLo cierto es que mantener el flujo en el contexto de una sociedad indiferente puede ser difícil. Evidentemente, aquellas personas que continúan haciendo un trabajo creativo son quienes poseen la capacidad de darse feedback a ellos mismos, sin esperar recibirlo de terceros. En un estado de flujo, sabemos bien lo que estamos haciendo, asistimos al momento presente sin juzgar, disminuyendo la autoconciencia:

estamos demasiado inmersos en lo que hacemos como para preocuparnos por “proteger el ego”. Paradójicamente, el Yo se expande a través de actos de auto-olvido, cambiando además la percepción del sentido del tiempo. Cuando fluimos nos olvidamos del reloj, y las horas pueden pasar en lo que parecen ser unos pocos minutos o los segundos pueden parecer minutos (como sería el caso de un surfista cuya percepción temporal de esos fugaces instantes montando una ola puede verse especialmente amplificada). Así, nuestro sentido del tiempo dependerá de lo que estemos haciendo.

De esta forma, cuando nos hallamos envueltos en esa experiencia del fluir, podríamos intuir que realmente no es felicidad lo que sentimos, sino que, al salir de ese flujo, al dar por finalizado el desafío o la actividad, es cuando somos capaces de experimentar una sensación duradera de satisfacción. Cuanto mayor flujo practiquemos en la vida diaria, mayor será la probabilidad de gozar de una existencia plena. Desafortunadamente, mucha gente encuentra que las únicas actividades creativas a las que puede responder son la violencia, el juego, el sexo desordenado, el alcohol o las drogas. Tales experiencias pueden ser placenteras, pero estos episodios de flujo no suman un sentimiento de autorrealización vital con el pasar del tiempo, al contrario, pueden desembocar en una peligrosa espiral de culpa, remordimientos y ansiedades:

el placer momentáneo no conduce a la felicidad, sino que pronto puede degenerar en adicción.

La cuestión es que es más fácil hallar el placer en aquellas actividades más básicas, inmediatas e instintivas, siendo necesario un esfuerzo y una dedicación mayor para aprender a disfrutar de cosas tales como manipular sistemas simbólicos complejos a través de las matemáticas, la música o la literatura. Las escuelas en general fallan estrepitosamente a la hora de estimular la búsqueda y la experimentación, enseñando la rutina en vez de la aventura.

“Al que todavía busca, le piden que haya terminado. Mil voces le anuncian lo que ya ha encontrado, y, sin embargo, él sabe que no es eso. ¿Buscar y dejar que digan? Claro. Pero hace falta defenderse de vez en cuando. No sé lo que busco, lo nombro con prudencia, me desdigo, me repito, avanzo y retrocedo. Sin embargo, se me ordena dar los nombres, o el nombre, de una vez para siempre. Entonces me revuelvo, ¿acaso lo que se nombra no se ha perdido ya?” Albert Camus, El verano.

El impulso creativo es una característica común en todas las personas, así como la pulsión destructiva (véase ese Tánatos que baila incansable con Eros). Bien es cierto que parece ser que una mayoría de los individuos disfrutan de la comodidad de lo conocido más que del desafío del descubrimiento, siendo pocas las personas más reactivas a las recompensas del enfrentamiento a un desafío, aún así, todos y todas compartimos el mismo deseo de experimentar una vida plena, por tanto, aquí os dejamos una serie de sugerencias para incrementar la creatividad y la felicidad personal:

+Trata de sorprenderte con algo cada día.

+Prueba a hacer algo nuevo por el placer mismo de la experiencia (recuerda que no existe el fracaso).

+Cuando algo te resulte interesante, síguelo.

+Duda, busca, avanza, retrocede, ¡no te quedes quieto!

+Reconoce el placer y la satisfacción en las cosas más pequeñas y cotidianas.

+Para mantener el placer por algo incrementa su complejidad.

+Date tiempo para la reflexión y la relajación, perdiéndole el miedo a la soledad.

+Presta atención a la experiencia del “ahora” con interés, curiosidad y sin juzgar.

+Descubre qué te apasiona en la vida.

+Comienza a dedicar más tiempo a actividades que estimulen tu creatividad.

+Comparte tus intereses con otras personas, estimulando un feedback común.

+Practica diversas formas de expresar lo que te mueve.

+Observa los problemas desde todos los puntos de vista posibles.

+Explora tu imaginación al máximo.

+¡Apaga la tele!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s